La mejor carta de presentación de Praga es la propia impresión que genera en el viajero por primera vez. Aunque existan divergencias en el orden que ocupa, Praga es sin duda alguna una de las ciudades más hermosas de Europa.
El impacto que produce la fotogénica ciudad medieval constituye el atractivo más inmediato que Praga traslada al visitante. Posteriormente serán otros pero es esa sensación de conservación de la magia que el Medievo posee lo que convierte a Praga en una ciudad con un discurso y una oferta turística diferente a la de otras ciudades.
A partir de aquí, de este escenario con vida propia que cautiva, Praga comparte conocidos atractivos turísticos como el Castillo, la Catedral de San Vito, el Palacio Real, El Loreto, la Malá Strana, el entorno del Vltava, la Plaza de la Ciudad Vieja, el Ayuntamiento, el Barrio y Cementerio Judío, la Plaza Wenceslao… que se pueden recorrer y visitar con tranquilidad urbana a pie o con el característico tranvía.
Praga pertenece al conjunto de ciudades históricas que nos remiten a lo mejor del pasado que compartimos.