Los cuentos de princesas nos remiten necesariamente a Viena, la inmemorial capital austrohúngara, una ciudad estrechamente ligada al clasicismo presente en sus raíces históricas, sus monumentos y las formas de sus habitantes.
Limitada pero no privada de sus señas de identidad, en Viena es posible elevarse a los cielos en las partituras que desde el siglo XVI la convierten en la metrópoli musical de Europa. Es una ciudad con un apuesta clara por la cultura en sus diferentes manifestaciones, especialmente en la música clásica y las artes plásticas. Sólo una ciudad como Viena podría tener un barrio dedicado a los museos, el MuseumsQuartier, en donde 60.000 m² esperan con propuestas clásicas o novísimas que juegan a la confusión en edificios barrocos que cuentan con decoración moderna.
Viena sorprende desde su arrebatador sello ilustrativo pero además la ciudad es el tablero de algunas de las costumbres austriacas más seductoras: la perfección de la cultura del café, el gusto por el diseño y el lujo no ostentoso, la vida nocturna y las compras en tiendas con curiosidades para urbanitas de todas las clases.